Textos

Text from the artist
STATEMENT| Human Nature| 2026

Human Nature is a photographic essay exploring the relationship between human beings and the natural world. Through digitally constructed images that combine natural elements and artificial structures, the project questions our perception of reality and the ways we inhabit our environment.

The word human derives from the Latin humus, meaning earth or soil, reminding us that our existence is part of the same living system. From this perspective, the work reflects on the boundaries between the natural and the artificial, our contemporary disconnection from nature, and the possibility of imagining new forms of relationship based on care.

The images are created through a hybrid process that combines manual making and digital manipulation. Reclaimed materials, soil and industrial elements are assembled, photographed and transformed into visual metaphors. Soil occupies a central poetic role, sometimes becoming a computer key—a symbol of human control over the environment.

Through this body of work, Florencia approaches artistic practice as a space of affective resistance, inviting viewers to reflect on the structures that shape everyday life and to consider care as a transformative act.

 

Texto curatorial
DESEOS IMPORTADOS
Muestra grupal, Pasaje 17, Buenos Aires. Noviembre 2012

…”Las piezas de Florencia Temperley aluden, desde distintos lenguajes y tonalidades, a puntos de contacto imaginarios entre nuestros cuerpos y los elementos vivos de la naturaleza. Por un lado, el ofrecimiento de productos parece irónico: ¿no sería “asqueroso” un pastel de hierbas, un perfume de peces? Por otro lado, impulsa también a un pensamiento utópico, a un mundo de relaciones donde el ser humano sea parte, y no sólo centro, de un nuevo ecosistema poético.”…

Valeria González

Texto curatorial
ESPACIOS
Muestra individual, Festival de la Luz (Galería Aldo de Sousa), Buenos Aires Julio 2010

En el panorama del arte actual, es común encontrarse con artistas jóvenes y otros que no lo son tanto, quienes al  percibir que  la imagen encontrada  les reporta alguna respuesta desde la institución artística,  (ventas, premios, notas, publicaciones, etc) empiezan a repetirla hasta convertirla en un clisé aburrido y previsible. Florencia Temperley parece ir a contramano y prefiere arriesgar en busca de otros caminos. Por eso en estas nuevas fotografías  aquella objetivación del mundo que surgía del diálogo entre la niñez y el juego, dio paso a una nueva manera de mirar ese mundo, ahora totalmente despojado, “carente de puertas y ventanas, sometido al rigor del aislamiento y el silencio”(1). Pero en el arte no hay cortes, sino continuidades o reorganizaciones, por eso aunque a primera vista pareciera no haber ningún tipo de lazo con lo anterior y la sensación frente a los trabajos es desconcertante ,- ya que nada es como era, y el espacio que alojaba fantasías infantiles ahora despoblado esta mas aséptico que nunca- sin embargo, si la mirada lentamente logra entrar en esa dimensión fractal de los objetos, y ese recurso iterativo del fragmento, que la autora utiliza para convertir aquel espacio en esta cuasi abstracción blanca y minimal, verá en alguna de las múltiples ventanas una cabecita , verá algún animalito transgénico cruzar alguna pared y hasta un ciervo de cartapesta custodiar la sala de exposición. Alguna vez le preguntaron a Florencia cómo había empezado todo, con un juego -dijo ella-. Y siguió armando casitas con el rasti.

Eduardo Médici

Texto curatorial
JUEGO SUSPENDIDO
Muestra individual, Galería Pasaje 17, Buenos Aires. Marzo 2008

Todo juego, cuando realmente lo es, reclama para sus protagonistas cierta dosis de autismo, de rechazo hacia las miradas ajenas. Los chicos y también los artistas ( al menos aquellos que no se han sobre adaptado en exceso ),  prescinden en sus prácticas de la presencia del observador; prefieren ser un jugador más. No hay inocencia en esta demanda: si el que mira de afuera no juega, definitivamente es el espectador distante que en última instancia corrobora la jerarquía de un mundo hecho a la medida de los adultos vigilantes y los niños vigilados. Juegos y artes requieren algunas complicidades.

Florencia Temperley, en un deliberado tono hospitalario (en su sentido más desangelado), alberga en asépticos espacios a esos “nenes” y nenas” dibujados apenas con una línea sutil de tinta o borroneados con carbonilla. Los soportes expresivos, ploteos, fotografías , provenientes del repertorio del diseño y la publicidad, y graffitis, del arte urbano , refuerzan ese carácter distanciado y melancólico con el cual compromete nuestro rol de observadores.

Porque las “criaturas”de Florencia suspenden sus juegos y nos miran.  Juegan a no jugar y al cambiar su estatuto son ellos quienes nos someten al más intenso de los cuestionamientos, a la más profunda de las demandas. Hasta sus juguetes parecieran haber sufrido una extraña mutación: la ternura del osito de peluche en  violencia de viruta de acero, el color de los globos en luto negro, la hamaca en pura ortopedia …Hay algo brutal que no concuerda en la diversión  forzada de la nariz roja y el perfil de la “vuelta al mundo” con la mirada de esa chica disfrazada de pequeña payasa .Su ámbito ya no es el de una salita rosa, celeste o amarilla sino ese cuarto despojado, carente de puertas y ventanas, sometido al rigor del aislamiento y el silencio…

El árbol blanco (¿del conocimiento? ) que sirve de introducción y epílogo a la muestra-instalación , articulado paródicamente como un artefacto mecánico y acompañado por feroces perros guardianes quizás no remita al mítico jardín del Edén, al Paraíso Perdido de la infancia, sino a esa otra  promesa de felicidad futura que estos chicos ven en los raros juegos de los grandes.

Héctor Médici